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#Sabias qué… Descubrimiento de la Circulación Sanguínea, la Bomba Cardiaca y su Actividad Eléctrica

 

 

En la actualidad, nos referimos al corazón como una “bomba”, capaz de mantener el flujo de sangre constante a través del organismo. Ese concepto mecánico del corazón no siempre fue interpretado de la misma forma, ya que en la antigüedad se pensaba que el corazón era sólo “el sitio donde reside el alma”.

René Descartes, desde su obra “Descripción del cuerpo humano” y el médico inglés William Harvey inician así el paradigma maquinal del corazón, lo que después fue tomado por los filósofos Richard Lower y Stephen Hales, que adoptaron este paradigma y comenzaron sus investigaciones a fin de corroborar sus creencias. Realizaron experimentos con modelos equinos y lograron demostrar que la sangre fluía dentro de los vasos sanguíneos en sincronía con los latidos cardíacos, reafirmando los conceptos de circulación sanguínea y bomba muscular cardiaca.

Estos avances dieron lugar a una época de estudio y hallazgos asombrosos para la historia de la cardiología, y fueron la base para lo que hoy entendemos como la fisiología de las enfermedades cardiovasculares. Adolph Fick, el alumno más brillante de Carl Ludwig en Leipzig, estableció en el año 1856 (con tan solo 27 años) la relación existente entre el flujo sanguíneo y la hematosis, proceso entendido como el intercambio gaseoso en los pulmones a través de la barrera alveolo-capilar.

Otro discípulo de Ludwig, Otto Frank, realizó grandes avances para entender la función del corazón como bomba muscular. Su trabajo, con el aporte de Ernest Starling, permitió relacionar la capacidad contráctil del corazón y el consumo de oxígeno con el llenado de las cavidades cardiacas. 

El principal interrogante en ese entonces se transformó en identificar quién tenía el comando de la función de la bomba cardiaca. El concepto de automatismo presente en ciertas células cardiacas diferenciadas, y como el impulso eléctrico autogenerado logra una sincronía cardiaca fueron conceptos de interés extendido hasta el siglo XIX. Finalmente un médico holandés, William Einthoven, fue el primero en lograr amplificar y registrar el impulso eléctrico del corazón a partir de electrodos situados en las extremidades. Vale aclarar que los electrodos de ese entonces no eran para nada parecidos a los utilizados en la actualidad; en ese entonces fueron representados con calderos con agua, un método complejo y poco reproducible. Este método fue mejorado a través de los años, hasta que el médico James Holter logró realizar dispositivos portátiles con registros más duraderos.

Como se puede ver, muchos de los nombres anteriormente citados son escuchados cotidianamente en el ámbito de la cardiología; sin embargo, no se considera el esfuerzo de estos investigadores en realizar sus hallazgos en una época sin recursos y basados solo en su propia curiosidad y capacidad inventiva. Citando a la pensadora británica Jane Austen: “Me maravillo a menudo de que la historia resulte tan pesada, porque gran parte de ella debe ser pura invención”.

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